Todo empezó una noche fría yendo a la facultad, pensando un tema para fotografiar que nos atraviese, nos movilice, como nos dijeron que tenía que ser lo que abordemos ara hacer un trabajo documental. Pasando por una plaza, miré a los bancos y vi a un hombre en situación de calle abrazando unas chicas que le estaban dando comida aliente.

Cuando el Estado está ausente, la gente se organiza. Cuando nos duele la situación actual, tenemos que accionar. Qué le podemos dar a alguien que tiene menos que nosotrxs, cuando todxs estamos padeciendo llegar a fin de mes?

Creo que una parte de la solidaridad es egoísta, porque detrás de esa acción desinteresada viene la satisfacción de haberle dado algo importante a alguien, sin recibir más que una sonrisa a cambio. Pero cuando unx pasa una hora de su vida repartiendo comida y ropa bajo el frío y la lluvia de una mañana de julio-agosto, después vuelve a su casa a darse un baño calentito y meterse en la cama otra vez, algo que muchxs no pueden.

Había muchas cosas que me trababan a empezar antes: el horario, cómo llegar con mis materiales de trabajo, el frío, el temor de empezar un proyecto nuevo y cómo será recibido, no molestar, no ofender.
Después entendí lo tonto que sonaba todo eso. Son lxs que están en una situación vulnerable, quienes están día y noche, llueva o no, haga frío o calor, intentando sobrevivir y sobrellevar la realidad. Esa acción que nos disponemos a hacer como grupo, de repartir un desayuno caliente en invierno, es un pequeñísimo paso para concientizar.

Eso es lo que busco con éste proyecto, visibilizar la situación actual que estamos viviendo y que aumentó muchísimo en los últimos años. Y, un poco también, mostrar estos grupos solidarios que no tienen difusión y mucha gente que quiere ayudar no sabe cómo acercarse.