A simple vista sólo parece una casa, o a lo sumo un comercio con un hogar en planta alta, con un par de zapatillas en el marco de una ventana secándose de la lluvia del día anterior. Unos pasos más sobre la tierra aún húmeda del jardín hasta llegar a la reja de entrada para apreciar lo que realmente esconde esa estructura con el nombre "MARIANI" en el frente, una gran parte de la historia tanguera argentina: el museo del bandoneón, de Luis Alfredo Mariani.

La historia comenzó allá por el año 1898, cuando Luis Mariani (abuelo de Luis Alfredo) abandonó su pueblo natal, Macerata, Italia e ingresó al país. él había trabajado en una fábrica de acordeones (esa zona del país tenía la mayor producción del instrumento), y acá en Argentina, como no había tal producción, tuvo que emplearse en una pinturería céntrica de la ciudad de Buenos Aires. Al ver que era hábil y buen trabajador con la madera, llamó la atención de los dueños de la "Antigua Casa Núñez", quien inmediatamente emplearon para la producción de sus instrumentos musicales, y gracias a ello pudo volver a tener contacto con los fuelles de cartón y su verdadero oficio. Tomaba acordeones y bandoneones de algún turista o inmigrante (mayormente alemanes, de donde es originario el bandoneón) para reparar en sus tiempos libres y tener un ingreso extra de diez pesos por arreglo, hasta que por hacerse tan conocido y tener tanto trabajo, se vio obligado a abrir un local exclusivamente de reparación de éstos, sobre la calle Paraná 628 de la misma ciudad.