Hace muchísimos años, cuando todavía me consideraba y me consideraban (después de todo no somos más que la representación de los otros) un joven rebelde, viví una situación que me marcó y me cambió para siempre: estaba esperando un colectivo en la terminal de mi pueblo. Llovía muchísimo y me encontraba guarecido bajo el alero, al lado de una imagen de cerámica de la Virgen de Luján, que hasta aquí ni me había percatado que estaba. En eso me lo veo venir en su bicicleta a "Moralito", un pibe de mi edad, más o menos, muy pobre, que cuando éramos chicos sufrió un accidente terrible en su caballo y que sobrevivió de casualidad, pero quedó con muchas secuelas. Apoyó la bicicleta en el suelo y se vino rengueando, empapado, hasta donde estaba aquella virgen, la besó, se persignó, se volvió a su bicicleta y siguió su camino.
Ese acto que me era totalmente irracional, en mi concepción atea militante, me conmovió. Sentí muchísima admiración y hasta envidia por "Moralito", porque él que no tenía nada tenía algo que yo jamás en mi vida iba a poder conseguir: la fe.
Los 19 de abril, en el Santuario de San Expedito de la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera, miles y miles de “Moralitos” acuden a pedir o a agradecerle al santo patrono de las causas justas y urgentes. Este es el tercer año que voy porque –posiblemente gracias a aquel hecho fortuito que les contara- me sigue conmoviendo la devoción de los que menos tienen. Pasé del ateísmo al agnosticismo, pero cada vez que voy a registrar lo que sucede en el santuario me digo: ¡Dios mío, como quisiera creer!

 


San Expedito fue un soldado romano de siglo IV. Su misión principal era defender las fronteras orientales de los territorios invadidos por los romanos contra los ataques de los hunos. Su conversión se produjo de una manera "expeditiva", uno de los motivos que se suman para adjudicarle su nombre. Cuando decidió su condición de cristiano un cuervo (representación del demonio) apareció ante sus ojos para disuadirlo: "Cras, cras, cras", le gritó el ave, lo que significa mañana. Sin embargo, el Santo no se dejó convencer y le replicó "¡Hodie hodie hodie!" (hoy) y aplastó al ave con su pie. Una vez cerca de la fe, Expedito predicó a toda su tropa, lo que provocó la ira del emperador Dioclesano, quien lo mandó a matar. Fue flagelado hasta sangrar y después decapitado con espada un 19 de abril, de ahí la fecha de su celebración.