Puerto de la ciudad de Mar del Plata, Argentina

Pasar el umbral que separa el galpón de la vereda peatonal ya implica trasladarse en el tiempo. Es una nave que ocupa el terreno más grande, se encuentra a mitad de cuadra y llega hasta lo más profundo del pulmón de la manzana.
El único detalle que de a ratos me devuelve a la realidad, es la vestimenta de los trabajadores. El techo, las paredes, el mobiliario, la "decoración", todo parece no haber sufrido modificación alguna durante decenas de años.
El sitio tiene una luz particular, la luz natural se perfila entre tonos de amarillos y naranjas. Las chapas translúcidas del techo, permiten el paso de algunos rayos y actúan como filtros. Así, a pesar de lo rústico y abandonado, el lugar se transforma en cálido.
El oficio nos remonta a la primera mitad del siglo pasado, cuando comenzaba el desarrollo productivo portuario de la zona.
El talento de estos artesanos, significa un enorme valor agregado. La dedicación exclusiva combinada con el trabajo manual, suman a la calidad del producto final.
Con el correr del tiempo, estos procesos fueron reemplazados por técnicas industriales. No así, las reparaciones o modificaciones estructurales de los paños de red originales.
La labor artesanal, ha sido revaluada a partir de la situación crítica que vive el puerto marplatense desde hace décadas.
Aquí, algunas capturas de la cotidianidad laboral vivida por estos trabajadores.